Hay una versión de esta historia que queda linda en LinkedIn. Llegué a Estados Unidos, conseguí trabajo en la universidad, crecí, y hoy empiezo un rol nuevo como supervisor. Todo cierto.
Pero hay otra versión, la que no suelo contar. Esta es esa.
Llegar con una empresa y sin nada
Cuando me mudé a San Diego ya tenía una empresa funcionando en Paraguay. Años de trabajo, un equipo, clientes. En papel, no arrancaba de cero.
En la práctica, sí. Acá no tenía trabajo, no tenía contactos y no tenía historial. Nadie sabía quién era. Lo único que tenía eran unos ahorros y una fecha mental de cuánto iban a durar en una de las ciudades más caras del país.
Me acuerdo de mirar la cuenta del banco cada semana viendo como los ahorros iban bajando . Pasó un mes. Pasaron dos. Al tercero, los ahorros estaban casi en cero y usar el credito de la tarjeta se volvia la unica salida.
Esa es la parte que no se ve. Uno puede tener una empresa con años de historia y aun así sentirse un principiante absoluto. El currículum que en Paraguay abría puertas, acá era un papel más.
La puerta que se abrió
Después de tres meses buscando, el HealthLINK Center de SDSU me dio una oportunidad. Un centro de investigación en salud pública, dentro de una universidad. Nada que ver con el mundo de startups y agencias del que venía.
Y fue exactamente lo que necesitaba.
Durante cuatro años manejé proyectos de tecnología para el Centro. Construimos plataformas para compartir el impacto de la investigación, conectamos sistemas con la universidad y fui sumando herramientas modernas para que el equipo trabaje mejor en el día a día. Hice lo que ya sabía hacer, gestionar proyectos de tecnología con impacto, pero en un lugar completamente distinto.
Lo que me enseñó la academia
Vengo de un mundo donde todo es para ayer. En la academia aprendí otro ritmo.
Al principio me frustraba. Los procesos, las aprobaciones, los tiempos. Con los años entendí que mucho de eso protege a las personas y a la misión, no solo al papeleo.
Aprendí que en salud pública nadie te pregunta cuánto facturaste. Te preguntan a quién ayudaste. Aprendí a documentar todo, porque el conocimiento que queda solo en tu cabeza se va con vos. Y aprendí a trabajar en una cultura nueva, en un idioma que no es el mío, con gente que me tuvo paciencia mientras yo aprendía las reglas no escritas.
Lo que no contaba
Acá viene la parte más honesta.
Durante estos cuatro años, casi no hablé de mi empresa en el trabajo. No porque fuera un secreto, sino porque tenía miedo de lo que podían pensar. Que no estaba comprometido. Que mi trabajo era un plan B. Que tenía la cabeza en otro lado.
Entonces separé todo. Dos mundos, dos versiones de mí, y cuidado de que no se toquen.
Con el tiempo me di cuenta de que esconder una parte de quién sos cansa. Y que no hacía falta. Mi empresa en Paraguay sigue funcionando con un gran equipo que la lleva adelante. Y acá, en mi trabajo, di lo mejor que tenía. Las dos cosas son verdad al mismo tiempo.
Ser emprendedor no me hizo peor empleado. Me hizo uno que entiende lo que cuesta construir algo. Y trabajar en la universidad no me hizo menos emprendedor. Me enseñó cosas que ninguna startup me iba a enseñar.
Así que ya no quiero separar. Soy las dos cosas.
De CEO a empleado
Otra cosa que me costó admitir: pasar de dirigir mi propia empresa a ser empleado me pegó en el ego.
Hoy lo veo distinto. Ser empleado me obligó a escuchar más, a seguir procesos que no diseñé y a liderar sin tener la última palabra. Eso, para alguien que siempre decidió todo, fue una escuela.
Lo que viene
Esta semana empiezo un rol nuevo dentro de la misma universidad, en la Academy for Professional Excellence, como Product & Web Solutions Supervisor. Voy a liderar un equipo y proyectos de tecnología otra vez, ahora con todo lo que aprendí en estos años.
Quiero crecer como manager. Quiero aprender a liderar personas en este país, en esta cultura. Y quiero seguir construyendo, acá y allá.
Gracias
A HealthLINK, por abrirme la puerta cuando no tenía ninguna. Por confiar en alguien recién llegado, sin contactos y con un acento que todavía se nota. Y por abrirme la siguiente puerta también.
A veces parece de no creer toda esta historia, es que Dios siempre esta detras, acompañandome, nunca estuve solo, mi esposa y toda mi familia extendida tambien presentes apoyandome en cada paso.
Si estás recién llegado a otro país, con ahorros que se acaban y la sensación de que lo que construiste antes no cuenta, te digo lo que me hubiera gustado escuchar: cuenta. Solo que todavía nadie lo sabe. Seguí tocando puertas.