Llevo más de una década creando sitios web y productos digitales, pero hoy me toca reconocer una materia pendiente: la accesibilidad. A veces, quienes construimos productos digitales —o físicos, desde una caja de cereales hasta un edificio— cometemos el error de diseñar pensando que todos perciben el mundo igual que nosotros. Pensamos que la accesibilidad es “para otros”, hasta que la vida te cambia la perspectiva.
Mi cable a tierra fue la paternidad. Ahora que soy papá por primera vez, mi mundo depende de las rampas. Necesito que la vereda sea accesible para llevar el carrito del bebé. Algo que antes me era invisible, hoy es mi prioridad operativa número uno para salir de la casa con mi familia.
Viviendo en los Estados Unidos, veo una infraestructura diseñada bajo normas de accesibilidad que en Latinoamérica aún nos cuesta imaginar: veredas continuas, transporte público adaptado, cambiadores para bebés en todos los baños.
Pero, ¿qué pasa en el mundo digital?
Hace poco, un cliente en EE. UU. nos pidió auditar su sitio web. No era por estética, era por una certificación obligatoria para su industria. Fue la primera vez que alguien nos pedía accesibilidad por regulación oficial, y no solo por “buenas prácticas”.
Luego me tocó trabajar con una investigadora renombrada. A pesar de su edad y su visión disminuida, usa la tecnología mejor que muchos jóvenes. Solo me pidió algo simple: letras más grandes y mejor contraste. La web era súper “trendy” y atractiva, pero eso lo hacía, al mismo tiempo, menos accesible.
Aprendí dos lecciones clave:
- La accesibilidad no es opcional: En mercados competitivos, es un requisito legal para operar.
- La innovación no sirve si excluye: A veces sacrificamos la legibilidad por un diseño “más lindo” o “más innovador”, dejando afuera a usuarios brillantes que solo necesitan un contraste adecuado.
Aunque en Latinoamérica nuestras regulaciones aún no sean tan estrictas, no deberíamos esperar a que un cliente nos lo pida o que una ley nos obligue.
Construir de forma accesible es, simplemente, construir bien. Es entender que la tecnología debe ser una rampa, no un obstáculo.