Hace unos meses, en una reunión acá en Estados Unidos, un americano me escuchó decir que era paraguayo y me ofreció conectarme con su red. Trabajaba con proveedores de software de Brasil, Colombia, México y algo de Argentina. Paraguay no estaba en su lista. No porque lo hubiera descartado. Simplemente nunca se le había cruzado.
Esa escena me quedó dando vueltas, y se la llevé a Vane Cañete en el último episodio de Girocast. Vane preside la Cámara Paraguaya de la Industria del Software y dirige una empresa que factura el 90% fuera del país. Su respuesta fue una frase que todavía estoy masticando: “Hay un océano azul ahí afuera y nosotros estamos acá observando sin ser observados.”
No nos falta talento. Nos falta intención.
Lo primero que me sorprendió es que nadie sabe con exactitud cuánto exporta Paraguay en software. No existe una categoría para eso en la ventanilla de exportación. Exportar software es lo mismo que exportar un call center. Vane estima que hay entre 500 y 600 empresas del rubro, y que las grandes (más de un millón de dólares y más de 50 empleados) no llegan a 20.
Lo que no se mide no se gestiona. Y lo que no se muestra no se compra.
Uruguay, Chile, Colombia y Argentina tienen stand país en los eventos de tecnología. Uruguay arma misiones comerciales con 20 o 30 empresarios. Paraguay casi nunca va, y cuando va, van siempre los mismos. Vane lo dijo sin vueltas: Paraguay no está escondido, todavía no tiene el interés de exponerse.
Me incluyo. Durante años estuve más cómodo en un meetup de Python que en una feria comercial. Como casi todos los fundadores de software en Paraguay, soy ingeniero que después decidió ser empresario. Y los ingenieros solemos creer que si el trabajo es bueno, el cliente va a llegar solo. No llega.
Empezamos en el mismo lugar
Algo que descubrimos grabando: Vane y yo arrancamos en la misma hackathon, la primera de Innovando Paraguay. Su equipo ganó la vertical de contrataciones públicas. Nosotros, la de educación. Para los dos fue el primer contrato serio, el que nos obligó a formalizar la empresa.
Mirando atrás, el premio en plata fue casi irrelevante. Lo que valió fue la puerta que abrió: un proyecto de esa envergadura, las primeras referencias, las personas que conocimos. Lo mismo nos pasó con el fondo de REDIEX para exportación de industrias creativas. Un solo evento afuera se nos comió la mitad del presupuesto en tres días. Y el retorno no llegó al mes siguiente. Llegó un año después, cuando alguien que conocimos ahí nos escribió.
Exponerse es caro. No exponerse es más caro, pero esa factura no llega por correo.
Amigos y “conocidos”
La parte de la charla que más me tocó fue sobre networking. Vane se describe como introvertida, de pocos amigos y muy profundos. Y dice que eso es muy paraguayo. Tenemos un anillo chiquito de amigos de verdad, los del tereré en la vereda, y después están los “conocidos”, a los que no cuidamos igual.
Afuera las relaciones funcionan distinto. Son más superficiales, y aun así generan confianza, recomendaciones y negocios. Un extranjero necesita mucho menos que nosotros para confiar.
Vane contó que conoció a un americano en un evento en India. Durante cinco años él le mandaba, de la nada, fotos de los países que visitaba. Un día le escribió: “Voy a Buenos Aires, quiero pasar por Paraguay.” Cuando ella le preguntó cómo hacía para sostener tantas relaciones, él le respondió que dedica una hora por día a mantener contacto con personas que conoció en otros países. Y que tiene un lugar especial para las que vuelve a ver más de una vez.
Una hora por día. Yo no le dedico ni una hora por semana.
La lección para mí es simple: la persona que te dio cinco minutos en un evento hizo un esfuerzo. Seguile. Esa relación se fortalece mucho más fácil de lo que creemos.
El vaso, con determinación
Al final le pregunté si veía el vaso medio lleno o medio vacío frente a la IA. Hay eventos enteros dedicados a decir que en 2030 la mayoría de los empleos van a desaparecer.
Su respuesta no fue optimismo ingenuo. Fue más práctica: “Si lo ves medio vacío, vas a tomar decisiones como si estuviese medio vacío.” Dijo que ya nadie en su empresa trabaja como hace seis meses, que están contratando roles que hace dos meses no existían, y que no podemos tardar cinco años en hacer nuestro primer curso de IA. La idea es domar esta tecnología hasta que sea como Excel. No con desesperación. Con determinación.
Y acá veo el hilo que une toda la charla. Con la IA nos puede pasar lo mismo que con el mercado internacional: quedarnos mirando, analizando, esperando, mientras otros ya están jugando. Observando sin ser observados.
Lo que me llevo
Me llevo tres cosas concretas:
- Exponerme con intención. Elegir pocos eventos icónicos por año y ir a conectar, no a mirar.
- Cuidar a los “conocidos”. Bloquear tiempo fijo para seguir a la gente que conocí afuera, aunque sea un mensaje corto.
- Sumarme a un colectivo. Vane cerró con algo que comparto: nadie sabe todo, todos sabemos algo. Hoy es más fácil conocer al que sabe que intentar saberlo todo uno solo.
Paraguay tiene talento de sobra. Lo que nos falta es dejar de ser espectadores. Y eso no depende de ningún gobierno ni de ningún fondo. Depende de que cada uno de nosotros decida, esta semana, salir a ser visto.